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30.09.2026 · Signal Titans Editorial

De las fibras de lana a la arquitectura del ADN

Antes de trazar la doble hélice, la física Florence Ogilvy Bell utilizó la cristalografía de rayos X para revelar las dimensiones del ADN.

Una ilustración minimalista que muestra un hilo dorado que se deshilacha formando una escalera molecular geométrica sobre un fondo azul marino oscuro.

Mucho antes de que la doble hélice se convirtiera en un símbolo icónico de la biología moderna, la comunidad científica recurría a materiales industriales como las fibras textiles para descifrar la maquinaria molecular de la vida. A finales de la década de 1930, en la Universidad de Leeds, la física Florence Ogilvy Bell empleó técnicas de rayos X para investigar estructuras biológicas, vinculando la investigación industrial aplicada con la ciencia molecular fundamental.

Fotografía: Florence Ogilvy Bell
Fotografía: Florence Ogilvy Bell. Foto: Yorkshire Post photographer? unknown. Wikimedia Commons · Public domain. Tamaño ajustado y conversión a WebP; sin retoques.

Explorando el ámbito molecular

Trabajando en el laboratorio de William Astbury, Bell utilizó la cristalografía de rayos X para analizar fibras biológicas que abarcaban desde la queratina de la lana hasta diversas proteínas de los tejidos. De acuerdo con el perfil biográfico del Science History Institute, sus experimentos requerían prolongados tiempos de exposición y la manipulación de tubos de rayos X de alto voltaje en salas a oscuras para registrar los patrones de difracción.

En 1938, Bell orientó sus investigaciones hacia el ácido timonucleico, la sustancia que hoy conocemos como ADN. Sus análisis por rayos X revelaron que la molécula poseía una estructura regular y ordenada. Junto con Astbury, determinó que las bases químicas a lo largo de la cadena se apilaban a intervalos regulares de aproximadamente 0.34 nanómetros, proporcionando una de las primeras mediciones físicas sobre la distancia espacial de esta molécula.

Un pilar para hallazgos futuros

La trayectoria científica de Bell dio un giro cuando se incorporó al servicio militar durante la Segunda Guerra Mundial en 1941, trasladándose más tarde a los Estados Unidos. Aunque se alejó de la investigación académica, sus tempranos patrones de difracción demostraron que los ácidos nucleicos podían ser analizados mediante métodos físicos, sentando bases esenciales para los estudios posteriores de rayos X realizados por Maurice Wilkins, Rosalind Franklin, James Watson y Francis Crick.

Su labor evidencia cómo las conexiones inesperadas —como la aplicación de técnicas de la ciencia textil a las moléculas biológicas— pueden abrir nuevas vías en el descubrimiento científico, demostrando el potencial de las herramientas interdisciplinarias mucho antes de que una disciplina alcance su plena madurez.

Imagen de portada: ilustración generada con IA; no es una fotografía documental.

Fuente: Florence Ogilvy Bell